martes, septiembre 25, 2012

Dónde quedó la Dignidad en Perú. Caso de las Reparaciones a Víctimas de la Violencia.

El desarrollo de la tecnología posibilita abundante información; sin embargo en materia de derechos humanos no hemos podido sistematizarla para obtener beneficios en solucionar algunos de nuestros estructurales problemas: nuestra corta memoria social. 

El Perú es todavía un país en donde muchos viven con resentimiento y rencor, manifestaciones humanas naturales de quienes han sufrido terribles injusticias.

Hasta hoy, muy poco se ha hecho por resarcir las secuelas del sufrimiento de las familias así como de quienes fueron directamente perjudicados por la violencia de los años 80 y 90. Todo lo contrario se los tilda de terroristas o subversivos, cuando fueron sus víctimas. Y se les dice terroristas y se los sigue maltratando desde el Estado, y desde algunos medios de prensa, incumpliendo con Repararlos, por que en su gran mayoría provienen del Ande, no hablan el estilo terrible del castellano limeño, su piel es cobriza y porque sufren la extrema pobreza. 

Hace unos días se asesinó a una niña peruana de nueve años nombre SORAYDA y no hubo ni marchas, ni plantones, ni hubo ninguna manifestación proveniente de los grupos de Derechos Humanos peruanos. No hubo nada!. Los denominados grupos de Derechos Humanos "Se hicieron los zonzos". Y eso ocurrió porque de lo contrario hubieran "chocado" con la poderosa primera dama, y ella, hoy, es su amiga. 

Estos grupos de Derechos Humanos del Perú, hoy, no son pues los telúricos y aguerridos grupos defensores de derechos humanos de Argentina, o los verdaderos grupos de derechos Humanos de Estados Unidos. No. Estos actúan por conveniencia mediática, son mediocres e hipócritas. Solamente viven, en su gran mayoría, para gozar del dinero del financiamiento del exterior y por un rancio estatus que les brinda ser parte de una "movida" denominada en el Perú "Derechos Humanos". 

La muerte de una balazo por la espalda de la niña SORAYDA- "muy probablemente por miembros de las Fuerzas Armadas y/o Fuerzas Policiales"- pasará a la historia sin mayor trascendencia. Ese es el Perú hipócrita que no quiero para mis hijos. El Perú necesita una organización de Derechos Humanos que no esté gobernada por los hoy "tibios clasemedieros". Necesita un grupo de derechos humanos que deje de mirar exclusivamente a Fujimori y Compañía y se enteren que luego de la caída de dicha dictadura, y ahora  en democracia, se viene atentando también contra los derechos humanos. Los grupos de derechos Humanos necesitan, hoy, autodesafiarse, necesita de gente que haga respetar la dignidad de cada peruano, más allá de si al hacerlo obtienen o pierden beneficios políticos o económicos; más allá de si al hacerlo tienen que enfrentarse a algún gobernante - hombre o mujer- de su simpatía.

Es por ello que las reparaciones individuales estatales avanzan muy lentamente y no solamente porque puede no existir voluntad política, sino principalmente porque nuestra sociedad, en su conjunto, se ha tornado insensible ante sufrimiento ajeno -en quienes no reconoce prójimo alguno. Y los integrantes de los derechos humanos, hoy, sufren de lo mismo.

Las acciones estatales no podrán jamás lograr una real reparación frente a violaciones como los  asesinatos, secuestros, torturas, entre otros crímenes realizados por grupos terroristas y por miembros de las fuerzas armadas y policiales. Y señalo esto luego de haber trabajado por cinco años en acciones de coordinación, en materia de reparaciones a las víctimas del proceso de violencia, desde la Presidencia del Consejo de Ministros. 

Durante ese periodo pude constatar, en vivo, que realmente hay decenas de miles de peruanos que viviendo en Lima, viven en otro país. Las víctimas de la violencia son personas no solamente golpeadas por las secuelas físicas y psicológicas de las violencia que les tocó sufrir, sino también, en su gran mayoría, por la extrema pobreza. Ambas son fruto de la indiferencia, ambas consecuencias son fruto de una sociedad que no obstante algunas manifestaciones de los tibios grupos de derechos humanos en el Perú, sigue siendo insensible. Señal que el Perú sigue sin estar integrado.

La integración y la inclusión no parten del Estado, parten de la madurez de una sociedad. Si nuestra sociedad continúa siendo insensible y por tanto inmadura, seguirá siendo una sociedad desintregada y con grandes exclusiones. Qué importa ser considerados el país con el cebiche más exquisito o ser el centro de la gastronomía latinoamericana, sin en medio de nosotros caminan invisibles a nuestros ojos miles de personas cuyas vidas han sido perjudicadas por la violencia y nuestra insensibilidad.

La dignidad parece no tener espacio en medio del cebiche, el tacu tacu, el arroz con pato, el chancho al palo, chancho al tornillo, del pisco sour, entre otras perlas; es por ello que seguimos solamente siendo un "país pobre, aunque con plata en los bolsillos". No somos un país desarrollado, y tampoco estamos en la senda del desarrollo porque la palabra DIGNIDAD sigue siendo, para las grandes mayorías y sobre todo para la clase media peruana, que detenta sin ser CONSECUENTE la bandera de derechos humanos, una palabra SIN CONTENIDO.

Una prueba de lo anterior es que las víctimas de la violencia han pasado, hoy, a ser víctimas de la indiferencia por nuestra corta memoria y de nuestra comodidad clasemediera atragantada hoy por el Arroz con Pato, el Tacu Tacu, el Cebiche, el Lomo Saltado, Cuy y el cerdo de la Caja China. 

Uno de los puntos centrales para lograr reparación a las víctimas es tener memoria, dignidad y coraje. Sin memoria no habrá ni reparación real ni reivindicación, más allá de entregar unos cuantos miles de soles a los huérfanos.